Cada año, a la llegada del otoño, cuando refresca, suele aparecer en los muros de Facebook una peculiar queja. Every year, in the fall, as the weather cools down, Facebook walls tend to show a curious rant: time to get back the duvet on the bed, toca volver a dormir con edredón. (Llamo edredón aquí al edredón nórdico.)

Y es que, en esa tesitura, existe un determinado colectivo que sufre un poquito más: aquellas personas que vivimos solos, pero preferimos cama doble. Sea por considerar que vivir solo no implica hacer voto de castidad, contando, pues, con que igual quizá existan oportunidades de disfrutar compartiéndola; sea porque un@ necesita muchos decímetros cuadrados para no caerse porque da grandes vueltas mientras duerme; sea simplemente porque mola dormir ancho, somos muchos los que caemos en esta categoría.

Thus, you may happen to live alone and still prefer to sleep in a double bed. If this is your case, you will recognize yourself immediately in the problem of getting the large duvet inside a fresh cover with just two hands, found at the far ends of arms that spread just about that much and hold about such weight. En efecto, cada vez que cambias la funda del edredón para lavarla, no es trivial apañarte solit@ para meter el edredón en la funda limpia.

Algunas estrategias existentes, de cada una de las cuales podría citar la fuente, pero prefiero mantener mis fuentes anónimas por discreción, son: (a) usar el edredón con su funda simplemente como manta, contando con el juego doble de sábanas usual, lo cual permite no mudar la funda tan a menudo; (b) meterse junto con el edredón dentro de la funda a realizar la gestión, en solitario o bien con el gato, previamente entrenado para ayudar tirando de la esquina adecuada (esta opción requiere tener gato y entrenarlo desde jovencito); (c) doblar el edredón por la mitad antes de meterlo en la funda, ofreciendo mucha más manejabilidad gracias a la menor superficie, y desdoblarlo una vez está dentro; (d) el tema principal de este post: el fascinante “método enrollado”, que aprendí en París, de una persona amiga de origen isleño. Among a number of strategies that people may develop and share, this post points out a couple of sources for the fascinating “roll-in method”.

There is no substitute to seeing it performed in order to learn it, la única manera buena de entenderlo es verlo hacer. Puedo ofrecer un enlace a una descripción textual, I can offer this link: http://www.wikihow.com/Change-a-Duvet-Cover (sí, es verdad, cuesta entenderlo, ya te digo que no hay mejor opción que verlo si puedes).

(Cannot understand why the “add link” buttons in the edit menu are disabled now. Copy and paste on yourself please. Oh, now they work. This is better.)

Y es que, a falta de verlo en directo, como pude yo verlo, alucinando pepinillos, en el XXème Arrondissement de la Ciudad Luz, una aproximación tal vez un poco insuficiente pero mucho mejor que la descripción textual es una filmación; y, hace unos años, un intrépido equipo, de cuy@s integrantes prefiero prefiero omitir, asimismo, los nombres, realizó la mencionada hazaña. Para ilustración de los ilustres visitantes de este blog, me congratula hacer público que he recibido autorización de subir el vídeo que me pasaron a Youtube: http://youtu.be/DxeiLZDDIG8 where you can see the roll-in method in action on videotape, possibly the second best way to learn it – yet, clearly inferior to the best way, that is, seeing it performed in front of your eyes.

Es mejor entre dos personas; hay varias actividades relacionadas con camas dobles que, a veces, pueden ser mejores entre dos personas. Better two people, as is often the case in double-bed-related activities. Pero una sola persona, os lo aseguro, se lo monta mejor con este método que con cualquiera de los métodos alternativos que conozco. Likewise, each individual reaches his/her favorite masturbating method, and, for the slightly different goal of changing the duvet cover, you should try this one, at least once or twice.

Importante: no olvides que la funda que extiendes sobre el colchón, para empezar, antes de poner el edredón encima, va al revés; don’t forget that the cover is spread first on top of the bed inside-out.

Good luck, suerte! Feel free to comment here your progress and successes, deja si quieres documentados tus progresos y tus éxitos en los comentarios. And do not hesitate in asking for further clarifications, no dudes en consultar tus dudas, y, si está en mi mano responderlas, lo haré, will answer willingly whenever I am able to.

El contexto humano

July 30, 2012

A poco más de 24h de comenzar el camino de regreso, me quedan un par de cosillas en el tintero. Vamos con una, y ya veremos qué rato encuentro esta semana para la otra.

He recibido alguna solicitud al respecto de las fotografías que ilustran esta fase de viaje africano de esta bitácora. Se me indica que se echa de menos el contexto humano, la presencia de personas locales que den más perspectiva de esta sociedad. A ser posible, fotografiados sin que se den cuenta.

Yo siempre he encontrado difícil fotografiar personas. Me permito copiar aquí un fragmento del email en que he respondido a la falta de ese tipo de fotos:

“Para que no se den cuenta (y además, es que si se dan cuenta yo me muero de la vergüenza) hace falta fotografiar desde lejos, y eso requiere un buen zoom, y que la cámara dispare cuando das al botón y no dos segundos después. Mi cámara digital dispara cuando le da la gana, tiene un zoom muy limitado, y, sobre todo, el terrible inconveniente de que decidí que no me la traía, así que todas las fotos las hago con el tablet, que dispara cuando le da la gana. Eso sí, el zoom no es tan limitado: es que no tiene.”

Pero, en fin, con un poco de esfuerzo, durante el fin de semana he hecho algunas fotos con humanos, a veces desde lejos, y luego las he recortado con el Paint (no, no me sé manejar el Photoshop, pese a lo que una vez contaba yo sobre ciertos batracios).

Si tienes mi edad, o no demasiado menos, tal vez recuerdes que, allá en los 60’s, comprábamos la leche en unas bolsas de plástico blando de a litro, que luego en casa poníamos en una jarra prevenida al efecto. Cortábamos una esquina para verter, y la contraria para que entrara el aire y el vertido fuera más homogéneo, prevención a pesar de la cual acabábamos derramando parte de la leche en el interior de la jarra, o en el exterior, etcétera. En la primera de las fotos que siguen, compraventas en semáforo, la persona de la derecha lleva sobre su cabeza un balde lleno de bolsas de plástico, con tres diferencias: son de medio litro, transparentes, y contienen agua, que los pasajeros de los tro-tro (furgonetas tuneadas para admitir 15 o 20 o 25 pasajeros en poquísimos metros cuadrados, y que conforman la red de transporte público local, o lo más parecido que he visto a ese concepto) compran por las ventanillas durante la parada en el semáforo.

No me preguntes por el grupo de la segunda, no sé qué hacen (si hacen algo). Están al lado de una iglesia presbiteriana, y no he visto tantas bicicletas juntas en ningún otro punto de Accra. La tercera es la terraza de la “bakery” donde a veces me tomo un “capuccino” (escrito “cuppoccino” en inglés local); suele estar ocupada únicamente por gentes de raza blanca, y me gusta poder ofrecer una vista no habitual. Creo que el motivo no es racial sino económico, y no creo que eso te sorprenda: piden de 3 a 4 cedis por el café, y en el comedor del centro tecnológico me como un generoso plato de hidratos de carbono y proteínas por 5 cedis. De la última, no se me ocurre nada que decir…

comercio semaforico

weekend meeting

accra bakery

street in accra

Cuánto cuesta ajustarse y combatir el propio desconocimiento.

Veamos unos ejemplos. He aquí una calle de lujo de Accra:

calle en Accra

Lujo significa asfalto para los coches y espacio suficiente para peatones, al menos a un lado; no es exactamente una acera: a ratos sí, unos pasos más adelante hay 50 metros enlosetados, lo cual está a merced, supongo, de la inversión que realice la entidad cuya entrada coincida en ese punto de la acera. Y zanja o cuneta o albañal, por supuesto al aire libre, para la lluvia y otros líquidos y las larvas de mosquito. Como os podéis figurar, raro es el día que no veo usar la acera de enfrente, atiborrada de malas hierbas, como urinario masculino improvisado. Y esto es el lujo: la mayoría de las calles del centro, y sobre los barrios o los pueblos os ahorro mis sospechas, son de tierra, por la que circulan gallináceas varias y algún que otro cabritillo buscándose alimentos. Pero, a ver, yo es que de peque era muy urbanícola, decidme, en los 50, en los 60, ¿verdad que en España estábamos igual? Me gustaría cotejar las cifras de analfabetismo funcional.

Seguro que has visto maquinitas tragaperras o páginas de cómic en la que simpáticos monitos tiran cocos desde lo alto de los cocoteros. ¿Cómo nos pintan el coco? Bueno, pues igualito que los que vemos en los puestos del mercado, porque, si no, no los reconocemos. Pero, ¿cómo es realmente un coco cuando aún está en el cocotero?

cocotero

Y eso que yo sí que los había visto, no en el cocotero pero sí preparados para ser abiertos a machetazos y comidos sin pelar, hace años en Chennai. Pero ya se me había olvidado.

Y termino por hoy con dos respuestas a solicitudes populares: qué se ve por mi ventana, y qué era lo que había que ver en la lista de precios del chiringuito de la playa, que la resolución con que subí la foto no era suficiente (https://balqui.wordpress.com/2012/07/23/la-playa-de-accra/#comments, os recuerdo que miréis la penúltima línea):

Ringway, Accra, Ghana

lista de precios en Accra

Corrijo: la heladería italiana Arlecchino, en la que el año pasado me tomé varios espressos Illy buenísimos, sigue existiendo. Lo que pasa es que la situaba un poquito más al norte, y el otro día me faltaron unos metros para pasar por delante.

Me alegro por ellos, quienesquiera que sean que lleven el negocio.

Pero la idea de alegrarme por mí también, bueno, no va a ser para tanto. Las pegatinas y anuncios de Illy han desaparecido, los botes de café plateados con sus letras rojas también, y, así, observando desde fuera, por la vidriera, encima de la máquina de café he visto unos paquetes de una marca que empezaba por M, algo así como Morgan, quizá.

No era hora de querer un café, en ese momento, de hecho ya no estaba buscando ese negocio, sino recorriendo una vez más esa calle. Por supuesto, vendedores de sandeces te asaltan a cada paso, y algunos tienen una estrategia desplegada bastante sofisticada; ya sabes, te saludan como si te conocieran de toda la vida, te halagan la sonrisa y lo mucho que indica tu sonrisa de lo buena persona que eres, y como te lo creas estás perdido, porque su teatro es el de hacerse tus amigos de toda la vida, y cómo le vas a negar a tu amigo el mero favor de mirar unos dibujos que él hace, sin compromiso, etcétera, en Catalunya se dice que “ya has bebido aceite”.

Como a mí no se me da mal el teatro, pues también sé hacerme su amigo de toda la vida, y como no me creo nada, pues es perfecto, les digo cuarenta veces (todas ellas con la entonación de quien da un buen consejo, y todas ellas como si fuera la primera) que lo que me quieren vender no me interesa, que no se lo voy a comprar así se pasen la mañana entera caminando a mi lado (porque, por supuesto, yo sigo yendo a donde fuera), y que les rendirá el tiempo más, o al menos lo mismo, atacando al siguiente. Con aire de quien les da un consejo de amigo. Sí, bueno, aburre un poco, pero su juego incluye el hacerse los dolidos en cuanto se te escapa una voz, y entonces te sientes mal y… ya has bebido aceite.

Igual os divierte ver cómo iba disfrazado el otro día, que me dejé atacar más rato, pongo foto que me hice a la vuelta. Hoy he estado menos pasos en esa calle; además, estaba nublado, y he prescindido de protegerme la sesera. Lo levemente desconcertante de mi aspecto el otro día quizá me facilitó no comprarles ninguna de esas enormes alfombras que luego a ver cómo las mete nadie en el avión de vuelta, no me explico que encuentren compradores.

Pero, a lo que iba: sin que sea la zona de mayor riqueza de Accra, no es zona pobre, ni de lejos; y Accra, en el contexto de Ghana, no es lo más pobre, ni de lejos; y Ghana, en el contexto de África, no es lo más pobre, ni de lejos. Viene bien recordar estas reflexiones al fijarse en que algunos edificios tienen depósito de agua en el tejado, o cerca, bien alto, y pensar que la inmensa mayoría de las viviendas del continente no tienen acometida de agua, y que un viajecito así, de vez en cuando, viene bien para ayudarte a reflexionar sobre tu vida, europeo de las narices, que por unas docenas de euros al día te alojas en un chiringuito que para tí es simplemente correcto, y para ellos sería lujo de pachá.

Y encima, quieres café Illy. ¡Y encima, el año pasado lo tenías!

Devolviendo llaves

January 31, 2012

Esta mañana, las llaves de la que ha sido mi humilde morada por algo más de dos años han vuelto a manos de su propietario. Del mismo modo, con la ayuda de Domingo, que amablemente acepta hacerme de correo, las llaves del que ha sido mi fantástico despacho en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Cantabria vuelven a la secretaría del departamento. Ya vacío, está, de todos modos, un poco desangelado este despacho. Nada: cuestión de minutos. El coche, cargado a tope, me espera a la puerta.

Nadie se llame a engaño. Situaciones que parecen análogas, pueden no ser ni remotamente parecidas. Parecerá que he vuelto a mi departamento de LSI en la UPC, pero ni LSI es el que era cuando me fuí, ni el que vuelve a mi viejo despacho es el que se fue de él, porque esos tres años te aseguro que se notan (sin ir más lejos, en el decrecimiento de la densidad del cabello). Y la relación entre el departamento y yo va a tener que reconstruirse, y lo voy a hacer, esta vez, con cuidadito, que de los escarmentados nacen los avisados, y no sé qué otra cosa me sabía yo sobre gatos escaldados, y todo eso; ¡tú ya me entiendes! Que ya lo dijo el poeta, “al volver la vista atrás se ve la senda que nunca” etc., y aunque parezca la misma senda, yo que la veo de cerca, oye, ¡alucinas de lo distinta que es!

Fin de etapa

January 9, 2012

Formalmente hablando, mi comisión de servicios en la Universidad de Cantabria finalizó, en sus términos legales, inmersa en uvas, al tiempo que sonaban las doce campanadas de la recién pasada Nochevieja. Formalmente hablando, vuelvo a ser catedrático de la UPC, como hasta hace tres años.

En la práctica, enero será un mes un tanto alocado, con viajes varios y remate de alguna cosilla que otra en Santander: docentes principalmente, pero también cerrar el piso que ha sido mi humilde morada un par de años, así como el despacho desacostumbradamente amplio, devolver o repartir la impresora y la “webcam” prestadas, llenar cajas de cartón con libros, ropa y otras sandeces, viajar con ellas y con alguna máquina fantástica de teclas blancas y negras que vive conmigo, y montar alguna celebración que otra, a sumar a las ya disfrutadas. Como dicen los anglófonos, “last but not least”.

Y, en otro orden de cosas, relanzar ya la siguiente tanda de iniciativas internacionales de investigación y empezar a pensar en cómo organizar mi tiempo en Barcelona de manera productiva, que no es tarea fácil: por cualquier tontería se te va hora y media en el transporte público, amén de que por mil de ellas se me va ese tiempo y más navegando de wikipedias a webs varias.

Unos poquitos días de desconexión en las Chimbambas quizá permitan tomármelo todo con más ilusión. Es un regreso de difícil digestión, principalmente por exceso de condimentos emocionales que parecen disfrazar, como a veces ocurre, la falta de proteína y carbohidratos: ¿por qué vuelvo? Pues… porque seguir en otro lugar requiere de esfuerzos a los que, desafortunadamente, ya no veo el sentido laboral que un día tuvieron.

La calurosa bienvenida que me da mi entorno familiar, social y laboral catalán me hace sentir bien, pero no oculta del todo el hecho de que el proyecto que me ilusionaba era, una vez más, de un calibre superior al que el contexto podía permitir. Empiezo a estar acostumbrándome, pero, aún así, es distinto irse por una visión laboral divertida que volverse por falta de una visión laboral divertida. Y es que, en un momento dado, por mucho que uno se empeñe en no verlo, el camino natural de crecimiento tal vez no tenga más remedio que recorrer tierras más lejanas.

Nada de qué arrepentirme. Resultados de investigación muy dignos en los últimos tres años en Santander, con nuevas coautorías con las que todos los participantes hemos aprendido cosas, y con producción científica interesante en grado sumo (aunque no toda ha logrado el éxito que merece en términos de publicaciones, pero todo se andará); así como alguna cosilla aprendida de mis mayores sobre cómo se puede ir a la porra una iniciativa valiosa cuando se combinan, en la persona clave, un insuficiente historial de delegación con la asunción de responsabilidades fuera de programa.

Estoy intentando verlo, por ahora, como una “retirada a cuarteles de invierno”, esperando a que escampe. Un tiempo para trabajar de nuevo un poquito más a solas, y tal vez retomar alguno de los proyectos de libro que duermen en un cajón de mi cerebro (o en un rincón perdido del disco duro) desde hace quince semanas, o quince meses, o quince años; un tiempo para buscar más horas de entrenamiento de esgrima, o más horas de diálogo íntimo con un teclado blanco y negro y un papel pautado.

Me digo a mí mismo que, a partir de dentro de unos meses que me encuentre más recuperado, con las antenas desplegadas para detectar toda oportunidad de poner en marcha futuras aventuras, ya la vida dirá a dónde dirigirme. Pero hay motivos para sospechar de una difícil tensión entre la necesidad vital de alejarme bastante más, y la necesidad moral de quedarme en las cercanías.

Y, sí, todo ello obviando las facetas más personalmente emocionales, que son otra historia que habrá de ser contada en otra ocasión, o, más probablemente, en ninguna.

¡Seguiremos informando!