Cuánto cuesta ajustarse y combatir el propio desconocimiento.

Veamos unos ejemplos. He aquí una calle de lujo de Accra:

calle en Accra

Lujo significa asfalto para los coches y espacio suficiente para peatones, al menos a un lado; no es exactamente una acera: a ratos sí, unos pasos más adelante hay 50 metros enlosetados, lo cual está a merced, supongo, de la inversión que realice la entidad cuya entrada coincida en ese punto de la acera. Y zanja o cuneta o albañal, por supuesto al aire libre, para la lluvia y otros líquidos y las larvas de mosquito. Como os podéis figurar, raro es el día que no veo usar la acera de enfrente, atiborrada de malas hierbas, como urinario masculino improvisado. Y esto es el lujo: la mayoría de las calles del centro, y sobre los barrios o los pueblos os ahorro mis sospechas, son de tierra, por la que circulan gallináceas varias y algún que otro cabritillo buscándose alimentos. Pero, a ver, yo es que de peque era muy urbanícola, decidme, en los 50, en los 60, ¿verdad que en España estábamos igual? Me gustaría cotejar las cifras de analfabetismo funcional.

Seguro que has visto maquinitas tragaperras o páginas de cómic en la que simpáticos monitos tiran cocos desde lo alto de los cocoteros. ¿Cómo nos pintan el coco? Bueno, pues igualito que los que vemos en los puestos del mercado, porque, si no, no los reconocemos. Pero, ¿cómo es realmente un coco cuando aún está en el cocotero?

cocotero

Y eso que yo sí que los había visto, no en el cocotero pero sí preparados para ser abiertos a machetazos y comidos sin pelar, hace años en Chennai. Pero ya se me había olvidado.

Y termino por hoy con dos respuestas a solicitudes populares: qué se ve por mi ventana, y qué era lo que había que ver en la lista de precios del chiringuito de la playa, que la resolución con que subí la foto no era suficiente (https://balqui.wordpress.com/2012/07/23/la-playa-de-accra/#comments, os recuerdo que miréis la penúltima línea):

Ringway, Accra, Ghana

lista de precios en Accra

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La playa de Accra

July 23, 2012

Y nadie en el agua. He preguntado a la amable camarera del chiringuito donde he aprovechado para comer. No, no es que sea peligroso. Sí, la gente se baña, muchos. A partir de las tres de la tarde.

A la una, no.

Otro día intentaré averiguar más.

Los accesos son una masa ingente de escombros por los que bajar a la playa desde descampados más altos, salvo, por supuesto, a través del chiringuito, que es enorme, como diez o doce terrazas como la de la foto, a varias alturas. Fíjate en las bebidas de la lista, a la izquierda, abajo, la penúltima.

Y los miércoles y domingos a las tres hay actividad musical en el chiringuito en cuestión. No me apetecía esperar tanto pero quizá vuelva el domingo que viene.

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Corrijo: la heladería italiana Arlecchino, en la que el año pasado me tomé varios espressos Illy buenísimos, sigue existiendo. Lo que pasa es que la situaba un poquito más al norte, y el otro día me faltaron unos metros para pasar por delante.

Me alegro por ellos, quienesquiera que sean que lleven el negocio.

Pero la idea de alegrarme por mí también, bueno, no va a ser para tanto. Las pegatinas y anuncios de Illy han desaparecido, los botes de café plateados con sus letras rojas también, y, así, observando desde fuera, por la vidriera, encima de la máquina de café he visto unos paquetes de una marca que empezaba por M, algo así como Morgan, quizá.

No era hora de querer un café, en ese momento, de hecho ya no estaba buscando ese negocio, sino recorriendo una vez más esa calle. Por supuesto, vendedores de sandeces te asaltan a cada paso, y algunos tienen una estrategia desplegada bastante sofisticada; ya sabes, te saludan como si te conocieran de toda la vida, te halagan la sonrisa y lo mucho que indica tu sonrisa de lo buena persona que eres, y como te lo creas estás perdido, porque su teatro es el de hacerse tus amigos de toda la vida, y cómo le vas a negar a tu amigo el mero favor de mirar unos dibujos que él hace, sin compromiso, etcétera, en Catalunya se dice que “ya has bebido aceite”.

Como a mí no se me da mal el teatro, pues también sé hacerme su amigo de toda la vida, y como no me creo nada, pues es perfecto, les digo cuarenta veces (todas ellas con la entonación de quien da un buen consejo, y todas ellas como si fuera la primera) que lo que me quieren vender no me interesa, que no se lo voy a comprar así se pasen la mañana entera caminando a mi lado (porque, por supuesto, yo sigo yendo a donde fuera), y que les rendirá el tiempo más, o al menos lo mismo, atacando al siguiente. Con aire de quien les da un consejo de amigo. Sí, bueno, aburre un poco, pero su juego incluye el hacerse los dolidos en cuanto se te escapa una voz, y entonces te sientes mal y… ya has bebido aceite.

Igual os divierte ver cómo iba disfrazado el otro día, que me dejé atacar más rato, pongo foto que me hice a la vuelta. Hoy he estado menos pasos en esa calle; además, estaba nublado, y he prescindido de protegerme la sesera. Lo levemente desconcertante de mi aspecto el otro día quizá me facilitó no comprarles ninguna de esas enormes alfombras que luego a ver cómo las mete nadie en el avión de vuelta, no me explico que encuentren compradores.

Pero, a lo que iba: sin que sea la zona de mayor riqueza de Accra, no es zona pobre, ni de lejos; y Accra, en el contexto de Ghana, no es lo más pobre, ni de lejos; y Ghana, en el contexto de África, no es lo más pobre, ni de lejos. Viene bien recordar estas reflexiones al fijarse en que algunos edificios tienen depósito de agua en el tejado, o cerca, bien alto, y pensar que la inmensa mayoría de las viviendas del continente no tienen acometida de agua, y que un viajecito así, de vez en cuando, viene bien para ayudarte a reflexionar sobre tu vida, europeo de las narices, que por unas docenas de euros al día te alojas en un chiringuito que para tí es simplemente correcto, y para ellos sería lujo de pachá.

Y encima, quieres café Illy. ¡Y encima, el año pasado lo tenías!

Vuelo Inaugural

July 19, 2012

Lo dijo el comandante, por megafonía, y Juan y yo nos quedamos callados un momento; de hecho, entonces yo aún no sabía que mi compañero de viaje se llamaba Juan, aunque sí había detectado, y sospecho que él también, que nos íbamos a pasar un viaje entretenido charlando y con buena conexión.

Lo dijo el comandante, y Juan y yo nos preguntamos, “¿Ha dicho ‘vuelo inaugural’? ¿Verdad que sí? Bueno, ahora lo repetirá en inglés.” Como, en efecto, así ocurrió. The captain said something like: “Welcome to Iberia inaugural flight to Accra.” El mandamás de un avión de pasajeros, en español, no es el capitán sino el comandante, but, in English, is the captain. Don’t ask me why, no me preguntes por qué.

Se lo preguntamos a la sobrecargo, cuando pasó con el carrito de venta a bordo, libre de impuestos. No porque nos quedara ninguna duda, que no nos quedaba, sino por aprovechar la excusa para involucrar a una tercera persona en la conversación. “Ah, ¿no lo sabían?” Pues no, cuando buscábamos vuelos, cada cual a su modo, para el día 17 de julio de 2012 una de las ofertas era un vuelo directo desde Madrid con Iberia, y nos pareció bien; no sabíamos que era el inaugural.

Eso explica algunas cosas: porque, cada cual por su lado, tanto Juan como yo tuvimos la sensación de que el personal de tierra de Iberia tampoco lo sabía. Claro, a la entrada de la cola, ha sido la amable señorita la que te ha preguntado “¿A dónde vuela?”, y, al oír “A Accra”, bueno, no hubiera quedado muy bien si te sigue preguntando “Y eso, ¿por dónde cae que no me suena?”, así que salió del paso como pudo, y amablemente me envió a las máquinas de auto-check-in, que amablemente me enviaron a la misma cola de los mostradores con una vil excusa sobre “comprobación de documentos”, pero yo, astutamente, me fuí a otra cola que encontré por el camino, a que me comprobaran los documentos, el pasaporte, el certificado de haberme vacunado de la fiebre amarilla, y, la verdad, me salió bien.

Dudé de una respuesta, cuando me preguntaron si ventana o pasillo (“pasillo, por favor, ¿qué avión es?”), porque me gusta hacerme a la idea de dónde voy a ir sentado, ahora que más o menos conozco la estructura interior de bastantes modelos de avión; dudé mucho de la respuesta (“un A319”, “¿un A319 para llegar tan lejos?”, “aquí dice que es un A319”) porque 3800km me parecieron muchos para un A319. Parece ser que era un A319B, y se ve que es que hay modelos de A319 que cubren 3800km, y otros que alcanzan 5100km, o algo así. Siempre se aprende algo. Yo no había visto nunca que sus primos los A320 y similares llegaran tan lejos. “Irá cómodo, sólo vuelan 75 pasajeros.” (Bueno, setentiayalgo, vaya, no recuerdo exactamente.)

Además, al bajar del avión, la sensación era que el 90% de los trabajadores del aeropuerto Kokota de Accra estaban allí acumulados, “¿por qué hay aquí tanta gente con chalecos fosforito?” Bueno, claro, se habían debido ir diciendo unos a otros, “Vamos a ver el avión de Iberia que aterriza ahora”, al fin y al cabo, ¡era el vuelo inaugural!

A mediados de julio, Accra es mucho más benigna que en febrero. De día seguramente no subimos de 30 Celsius, por las noches refresca a unos 23, si hay un poco de corriente basta abrir la ventana, a condición de que tenga mosquitera en buen estado, no vayamos a liarla parda con los mosquitos. Por supuesto, mi alojamiento dispone de aire acondicionado, pero procuro evitarlo, una corriente tan fresca permanente en la piel no me resulta agradable. De día viene muy bien, corres cortinas para que no entre solanera y lo dejas (o te lo dejan) puesto mientras no estás, a la vuelta la habitación está estupenda y lo apagas, y tan contentos.

Claro, es que el riesgo resulta ser que cualquier día de estos puede empezar la temporada de lluvias. Ya informaré si me pilla, y contaré qué me ocurra en tal eventualidad.

La otra vez, el año pasado, en febrero, una o dos veces que me empeñé en caminar, que es como me gusta a mí conocer las ciudades, bueno, no es que lo pasara mal, pero poco faltó. ¡Qué calor, qué sudada! En cambio, a estas fechas, me puedo dar un paseo de media hora a mediodía hasta Osu, Cantonments/Oxford, y, hombre, alguna gota ya sudo, pero poca cosa. En realidad la mala noticia es otra: la heladería de Oxford St. en la que el año pasado servían (¡alucinas!, ¡te lo juro!, ¡en Accra, Ghana!) café Illy… ha cerrado. Bueno, hay otras heladerías, con máquina de café, pero hoy he tomado un espresso y… ni punto de comparación.

Y, bueno, en cuanto baja el sol, aquí tecleando al aire libre bajo mi ventana, con un poco de brisa, y con una cervecita ghaniana CLUB a una temperatura ideal en la mano, a esta hora se está genial. Conviene saber, simplemente, y tomar precauciones al respecto, que a esta hora no sólo los humanos pensamos que se está genial, sino también los mosquitos.

¡Seguiremos informando!

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Devolviendo llaves

January 31, 2012

Esta mañana, las llaves de la que ha sido mi humilde morada por algo más de dos años han vuelto a manos de su propietario. Del mismo modo, con la ayuda de Domingo, que amablemente acepta hacerme de correo, las llaves del que ha sido mi fantástico despacho en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Cantabria vuelven a la secretaría del departamento. Ya vacío, está, de todos modos, un poco desangelado este despacho. Nada: cuestión de minutos. El coche, cargado a tope, me espera a la puerta.

Nadie se llame a engaño. Situaciones que parecen análogas, pueden no ser ni remotamente parecidas. Parecerá que he vuelto a mi departamento de LSI en la UPC, pero ni LSI es el que era cuando me fuí, ni el que vuelve a mi viejo despacho es el que se fue de él, porque esos tres años te aseguro que se notan (sin ir más lejos, en el decrecimiento de la densidad del cabello). Y la relación entre el departamento y yo va a tener que reconstruirse, y lo voy a hacer, esta vez, con cuidadito, que de los escarmentados nacen los avisados, y no sé qué otra cosa me sabía yo sobre gatos escaldados, y todo eso; ¡tú ya me entiendes! Que ya lo dijo el poeta, “al volver la vista atrás se ve la senda que nunca” etc., y aunque parezca la misma senda, yo que la veo de cerca, oye, ¡alucinas de lo distinta que es!

Fin de etapa

January 9, 2012

Formalmente hablando, mi comisión de servicios en la Universidad de Cantabria finalizó, en sus términos legales, inmersa en uvas, al tiempo que sonaban las doce campanadas de la recién pasada Nochevieja. Formalmente hablando, vuelvo a ser catedrático de la UPC, como hasta hace tres años.

En la práctica, enero será un mes un tanto alocado, con viajes varios y remate de alguna cosilla que otra en Santander: docentes principalmente, pero también cerrar el piso que ha sido mi humilde morada un par de años, así como el despacho desacostumbradamente amplio, devolver o repartir la impresora y la “webcam” prestadas, llenar cajas de cartón con libros, ropa y otras sandeces, viajar con ellas y con alguna máquina fantástica de teclas blancas y negras que vive conmigo, y montar alguna celebración que otra, a sumar a las ya disfrutadas. Como dicen los anglófonos, “last but not least”.

Y, en otro orden de cosas, relanzar ya la siguiente tanda de iniciativas internacionales de investigación y empezar a pensar en cómo organizar mi tiempo en Barcelona de manera productiva, que no es tarea fácil: por cualquier tontería se te va hora y media en el transporte público, amén de que por mil de ellas se me va ese tiempo y más navegando de wikipedias a webs varias.

Unos poquitos días de desconexión en las Chimbambas quizá permitan tomármelo todo con más ilusión. Es un regreso de difícil digestión, principalmente por exceso de condimentos emocionales que parecen disfrazar, como a veces ocurre, la falta de proteína y carbohidratos: ¿por qué vuelvo? Pues… porque seguir en otro lugar requiere de esfuerzos a los que, desafortunadamente, ya no veo el sentido laboral que un día tuvieron.

La calurosa bienvenida que me da mi entorno familiar, social y laboral catalán me hace sentir bien, pero no oculta del todo el hecho de que el proyecto que me ilusionaba era, una vez más, de un calibre superior al que el contexto podía permitir. Empiezo a estar acostumbrándome, pero, aún así, es distinto irse por una visión laboral divertida que volverse por falta de una visión laboral divertida. Y es que, en un momento dado, por mucho que uno se empeñe en no verlo, el camino natural de crecimiento tal vez no tenga más remedio que recorrer tierras más lejanas.

Nada de qué arrepentirme. Resultados de investigación muy dignos en los últimos tres años en Santander, con nuevas coautorías con las que todos los participantes hemos aprendido cosas, y con producción científica interesante en grado sumo (aunque no toda ha logrado el éxito que merece en términos de publicaciones, pero todo se andará); así como alguna cosilla aprendida de mis mayores sobre cómo se puede ir a la porra una iniciativa valiosa cuando se combinan, en la persona clave, un insuficiente historial de delegación con la asunción de responsabilidades fuera de programa.

Estoy intentando verlo, por ahora, como una “retirada a cuarteles de invierno”, esperando a que escampe. Un tiempo para trabajar de nuevo un poquito más a solas, y tal vez retomar alguno de los proyectos de libro que duermen en un cajón de mi cerebro (o en un rincón perdido del disco duro) desde hace quince semanas, o quince meses, o quince años; un tiempo para buscar más horas de entrenamiento de esgrima, o más horas de diálogo íntimo con un teclado blanco y negro y un papel pautado.

Me digo a mí mismo que, a partir de dentro de unos meses que me encuentre más recuperado, con las antenas desplegadas para detectar toda oportunidad de poner en marcha futuras aventuras, ya la vida dirá a dónde dirigirme. Pero hay motivos para sospechar de una difícil tensión entre la necesidad vital de alejarme bastante más, y la necesidad moral de quedarme en las cercanías.

Y, sí, todo ello obviando las facetas más personalmente emocionales, que son otra historia que habrá de ser contada en otra ocasión, o, más probablemente, en ninguna.

¡Seguiremos informando!

All the best from my new office in the Facultad de Ciencias, from a desk that is, conceivably, older than myself,  much more robust, marvelously large, a real university office desk like I never had before. You need to be in a good old Facultad to find such pieces of furniture, at UPC all desks are pretty new and, the newer, the smaller, and the less robust.

Not the best view from the window but at least there is a window (two years ago at UCL there was none). And rumors that someone retiring and a general office permutation may be coming, with the potential of improving my window view.

Every day the few local LSI-and-friends people meet at the cafeteria at 11. If you want to have your cup of coffee quiet and alone, just avoid that hour; if you feel like socializing, just drop by. I like the scheme. They say that monday (I was not here yet) rained cats and dogs the whole day, but my day-and-a-half here so far have been sunny, not too cold, and warm at heart, meeting both known and new lovely people in different ways along the whole day. Some minor headaches, but truly minor in that one or another solution could be found.

The best possible start for my journey here!