La veritable història de Sant Jordi

Hi havia, fa molt de temps, un jove anomenat Jordi. Havia viscut com a camperol tota la seva vida fins que un bon dia decidí viatjar. Volia veure un drac, sempre li havien fascinat aquests éssers capaços de llençar foc per la boca.

El seu pare li havia deixat un ase per que viatgés de pressa i còmodament. En Jordi va viatjar durant uns dies sense veure cap drac. Pel camí va trobar un vell que li explicà que els dracs no sempre són simpàtics i li va preguntar si volia una llança i una armadura per si de cas. Al jove camperol li va divertir la idea i el vell les hi va donar tot dient que anés amb compte, que eren bastant antigues i estaven una mica rovellades.

En Jordi li va donar les gràcies i va continuar cap a l’est.

Uns dies més tard, en Jordi va veure en la llunyania una bola de foc elevant-se per sobre el bosc. Va baixar de l’ase i va córrer en aquella direcció: li feia molta il·lusió veure un drac.

En arribar a la clariana on creia que trobaria el drac, va sentir un bramul d’angoixa que el va fer estremir. Va continuar uns metres i va trobar el drac. Estava quiet a terra, mort. La seva desil·lusió va ser enorme, però més gran encara va ser la seva sorpresa al sentir una veu que deia:

- He mort el drac! He mort el drac!

En Jordi no sabia d’on venia la veu fins que va veure un cap i un braç sortint de sota el drac. Era un cavaller. S’hi va acostar i ja li anava a retreure haver mort una criatura tan fantàstica quan es va adonar que el cavaller mateix estava aixafat sota l’enorme bèstia i no es podia moure. Just abans de morir, el cavaller li va dir:

- Dóna-li aquesta rosa a la princesa.

En Jordi va agafar la rosa, sense tenir temps de preguntar-li a quina princesa es referia.

Uns instants més tard, una noia molt bonica va sorgir d’entre els arbres i exclamà, tot corrent cap a ell i abraçant-lo:

- Has vençut el drac!

Ell no comprenia res. Quan anava a dir-li que no havia estat ell, la noia li va fer un petó a la galta. Li va dir que ella era la princesa i que l’acompanyés al seu castell. En sentir la paraula “princesa”, en Jordi li oferí la rosa i ella es va emocionar tant que ell no es va atrevir a dir-li que era de part del cavaller mort.

En arribar al castell, tothom aclamava en Jordi per la seva gran gesta. En Jordi no volia espatllar-ho, així que va adoptar un posat orgullós, va agafar la princesa per la cintura i junts es van dirigir al castell.

El final ja no cal que l’expliqui, ja que aquesta llegenda es molt coneguda. Malauradament, molta gent encara no sap tota la veritat.

El Cavaller Esclafat

De las Tierras y la Luna

September 13, 2008

Hoy me voy a animar a solicitar la colaboración de los lectores.

Hace muchos, muchos años me enteré de que, en lengua alemana, están permutados los géneros gramaticales de la Luna y el Sol: “Der Mond”, o sea, “el Luna”, y “Die Sonne”, o sea, “la Sol”. Si nos dejamos llevar por los estereotipos, tiene su lógica: en los fríos inviernos centroeuropeos de larguísimas noches, la Luna se asocia a un frío de narices en las planicies nevadas, la agresividad de un gélido viento nocturno, la dureza de la supervivencia; y el Sol a la maternal fuente de calor que entibia la piel y te anima a seguir adelante (si comparas con la agresividad del Sol en los tórridos veranos andaluces y la redonda dulzura de una Luna llena en una agradable noche junto al Mediterráneo, bueno, en cierto modo cuadra, no?).

Y pensé que si escribía un relato con un largo viaje por Centroeuropa como hilo conductor, un buen título sería “Por Tierras del Luna y la Sol”. Pero no creo que escriba ese relato.

En cambio, más adelante supe que, en EEUU y probablemente otras tierras anglófonas, todo el mundo sabe que la Luna es de queso verde (existen poderosos argumentos astrográficos y geofísicos, algunos incluso relacionados con el hecho de que la Tierra es plana y la indisputable experiencia previa de la posible futura vicepresidenta estadounidense, DNCC).

Y un día decidí que, en los países que visitara, preguntaría por este tipo de dichos sobre la Luna, los recogería y montaría algo con ellos. El impulso me duró justamente un viaje. (A Japón, donde fui puntualmente informado de que en la Luna viven ciertos ratones que dedican su vida entera a preparar ese arroz japonés llamado “sticky rice”, arroz pegajoso.)

Y ahí nos hemos quedado, con el proyecto paralizado desde hace una década, aproximadamente.

Y ahora viene mi propuesta: si has leído esto, y sabes de alguna leyenda de este tipo propia de alguna cultura o país, o si conoces a alguien nativo de algún lugar pintoresco a quien preguntar qué dicen en Sus Tierras sobre la Luna… pues nos pones un comentario a esta entrada, vale?

Gracias…

Palíndromes

September 24, 2007

Intento retornar a la actividad en esta bitácora, tras el imperioso letargo estival durante el cual, como bien saben quienes me conocen, me he dedicado con fruición al dolce far niente, por semanas y semanas y semanas. Eso.

Y se me acumula la tarea, porque tengo mucho que ir explicando aquí, y resulta difícil decidir por dónde empezar. Adelante. Estos días, en el metro de Barcelona, entre algunos otros (pizca tristes), hmm, digamos, “entretenimientos”, las pantallas informativas y manipulativas ofrecen ocasionalmente un palíndrome que yo no conocía:

“¡Átale, demoniaco Caín, o me delata!”

(Curiosidad: puede llevar acento, la RAE admite ambas variantes.)

Si lo entiendo bien, las reglas del juego son, en español, la “n” y la “ñ” son distintas pero las demás marcas diacríticas son irrelevantes; no se distingue mayúsculas de minúsculas, se ignoran los espacios y los signos de puntuación, y lo que quede ha de ser idéntico al derecho que al revés. El primer caso que conocí, aún niño, un clásico sobre el cual diría que debemos coincidir casi todos, me fue aportado por mi padre,

“Dábale arroz a la zorra el abad.”

del cual, muchos muchos años más tarde, Jacobo me ofreció una versión más sofisticada,

“Adán dábale arroz a la mala zorra; el abad, nada.”

(Pero luego aprendí que este tipo de frases, en general,  cuanto más breves son, más mérito tienen.) En un libro o revista educativa encontré, hacia los años setenta, una monada,

“La ruta nos aportó otro paso natural.”

Y hasta ahí había llegado cuando, probablemente a través de Felipe, supe de Darío Lancini, de quien se cuenta que un día, ya mayor, le explicaron este juego, que resultó no conocer, y se mostró de inmediato asombrosamente dotado para crear estas frases: improvisó un par de ellas sobre la marcha, para asegurarse de que había entendido bien el concepto, y para pasmo de la concurrencia siguió fabricando de inmediato algunos más. Al menos, diría yo que así me fue narrado. Como es lógico, con los años Darío Lancini publicó un libro, que, como es lógico, se intitula

“Oír a Darío”

y que Felipe me prestó durante un tiempo. Me apunté en algún sitio un palíndrome de una página, en forma de poema, creo, que me encantó, copiado de ahí y que no sé dónde lo tengo; el último de los que ese libro trae es una obra de teatro, que mide docenas de páginas, que tanto da leerla empezando por el principio o por el final, y uno de cuyos personajes principales es “la enana cananea” (la siguiente palabra siempre empieza por “l”, naturalmente). De ese libro recuerdo bien dos, uno muy breve, la siguiente joya,

“¡No te comas la salsa, mocetón!”

y otra deliciosa contribución, que a mí me chifla,

“Ésto al sabio diré -habla la Nike-:
Para Pekín al alba
herido ibas, Lao-Tsé.”

Y como no sería yo si no me esforzara, a estas fechas, en echar mi cuarto a espadas, fusilando las ideas de Lancini (perdón, quiero decir, inspirándome en ellas) y aplicando alguna observación de hace algunos años, y dedicando mucho tiempo de transporte público, he aquí mi propia, humilde aportación al mundo palindrómico:

“Sabia dama, luz azul aseará
esa playa del farragoso Garraf, Leda,
y, al pasear, a esa luz azul
amada ibas.”

[El Garraf es la comarca que incluye Garraf, Sitges, y Vilanova y la Geltrú, en cuyo campus de mi universidad se desarrolla, desde hace algún tiempo, la mayor parte de mi actividad docente.]

[Sobre Lancini no he puesto enlace porque un par de golpes de Google llevan a muchas más páginas de las que me da tiempo a revisar hoy. Pondré algo en los comentarios, quizá.]

Sí, todos lo sabemos, volvía a Itaca, su reino. Si buscas “Ithaki” en Google Maps y das unos pasos de zoom out, ves que se encuentra al este de la isla Kefalinia y al norte de Zakintos. En Kefalinia, al sur de Ithaki, encontrarás Same, una de las ciudades más importantes de Kefalinia.

Y, si comparas con la descripción que Homero pone en boca del propio Ulises,

“Soy Odiseo, el hijo de Laertes, el que está en boca de todos los hombres por
toda clase de trampas, y mi fama llega hasta el cielo. Habito en Itaca,
hermosa al atardecer. Hay en ella un monte, el Nérito de agitado follaje,
muy sobresaliente, y a su alrededor hay muchas islas habitadas cercanas
unas de otras, Duliquio y Same, y la poblada de bosques Zante. Itaca se
recuesta sobre el mar con poca altura, la más remota hacia el Occidente,
y las otras están más lejos hacia Eos y Helios. Es áspera, pero buena
criadora de mozos.”

(tomado de http://www.apocatastasis.com/odisea-homero.php, con agradecimiento)

nos encontramos algunas preguntas. Si a los de Same se les llama también cefalonios en obras de la época, poca duda cabe de que la Same de Ulises es Kefalinia; asimismo, existe evidencia de que Zante es Zakintos. Sin embargo… ¿dónde queda entonces Duliquio? En segundo lugar, si te fijas bien en el mapa, de las islas mencionadas, Ithaki no es precisamente la más remota hacia el Occidente, sino que ciertamente esta al oriente clarísimo de Kefalinia. Y, a mayor abundamiento, Schliemann, el arqueólogo que encontró Troya, se pasó después, según parece, la mayor parte de su vida perforando Ithaki en busca del palacio de Odiseo. Sin éxito.

Ah, se me olvidaba, la orografía de Ithaki no cuadra ni por el forro con la descripción que de ella hace el Laertíada.

Bueno, Homero escribe siglos y siglos después de los acontecimientos que narra, y lejos en distancia (en Asia Menor, se supone, la actual Turquía) así que todo el mundo pensaba siempre que algo de raíz tendrían sus historias en la realidad, pero que eran esencialmente fantásticas. El que Schliemann encontrase Troya hace pensar que igual no todo era fantástico. Pero no parecía que hubiese rastros de un Ulises real en Itaca.

Y en estas estábamos, cuando un empresario loco sugiere una idea loca: si nos falta una isla, ¿no será que la actual Ithaki es Duliquio, y la Itaca de Ulises… existe pero está en otro sitio? Pues bien… ¡Hay un sitio donde podría ser que esté! Y es que el planeta vive, las costas cambian de lugar con los milenios, las fallas y los conflictos entre placas teutónicas hacen evolucionar el paisaje, y quizá estamos a punto de encontrar ¡el auténtico palacio de Odiseo!

¿Interesante? ¿Quieres saber más? Mira: http://www.odysseus-unbound.org/index.html

(Sorprendente y alucinantemente verosímil. Se non é vero, é ben trovato. Y si te compras el libro me lo prestas. O igual me lo compro y te lo presto, no sé.)

Un anuncio reciente de una famosísima franquicia de
hamburguesas afirma que en dicha franquicia “No les vale”
con un 99,99…9% de carne de vacuno; ha de ser un 100%.

Si tienes una cabeza sobre los hombros, aunque tu mentalidad
no sea científico-técnica, se me antoja probable que te hayas
dado cuenta: tantos nueves son una exageración, típicamente
publicitaria. Pero, incluso si tu mente es científico-técnica,
es posible que no seas consciente de hasta qué punto es una
exageración. Hoy me apetece explicarlo.

Una somera inspección visual revela que el anuncio incluye
un total de 59 cifras “9″ después de la coma. Así pues, la
pequeñísima cantidad restante, que tampoco se permiten
tolerar que no sea carne de vacuno, es de
0,00000000000000000000000000000000000000000000000000000000001
por ciento, donde, para ahorrarte quebraderos de cabeza, te
informo de que hay 58 ceros entre la coma decimal y el uno,
que se encuentra en la posición 59. (Las susodichas mentes
científico-técnicas estarán ya añadiendo dos ceros más, para
trabajar en referencia a 1 en vez de a 100; pero, como pronto
veremos, esa consideración es irrelevante: el factor de 100
involucrado no marca una diferencia.)

Creo que todos estaremos de acuerdo en que ristras y ristras
de ceros no conforman un lenguaje de comprensión fácil; así que
me vais a permitir proponer uno un poco más simple: para decir
que hay ceros y ceros después de la coma, y al final un uno en
la posición 59, y para recordar que estamos en base 10
(luego usaremos base 2, si os atrevéis) escribiré un 10 y un 59,
separados por un par de signos arbitrarios: una E y un guión;
así: 10E-59 (creedme si os digo que este lenguaje arbitrario
hará un poquito más felices a las mentes científico-técnicas,
aunque no sea sino una mera convención).

Partamos ahora de un gramo de carne de vacuno. Dividiéndolo en
mil partes, cada una de ellas pesará 0,001 gramos, o, en nuestra
notación, 10E-3 gramos: un miligramo. Es, por ejemplo, la cantidad
de paracetamol insertada en algunas pastillas analgésicas; polvo
invisible. Divide uno de esos miligramos, una de esas motas de
polvo, en mil partes: tienes una millonésima de gramo, o microgramo,
y hacen falta un millón como él para recuperar el gramo original de
carne de vacuno: pesa 10E-6 gramos. Esa notación corresponde a que,
cada vez que divides en millonésimas partes, el “1″ de los
decimales se hunde 6 posiciones: 0,000001.

Ahora imagínate una de esas millonésimas, divídela en un millón
de partes y quédate una (10E-12, 0,000000000001); divídela en
un millón de partes y quédate una (10E-18); divídela en mil millones
de partes y quédate una: 10E-27. Lo que tienes en este momento es,
poco más o menos, la masa de un electrón.

Si pudieras ahora ampliar tanto, tanto, tanto tu electrón como para
que fuera parecido al gramo original de carne, y volvieras a
subdividir hasta obtener algo que es tan pequeño, en relación al
electrón, como el propio electrón al gramo original, aun estarias
hablando de 10E-54 gramos… Y hablábamos inicialmente de 10E-59,
o, si tomamos en cuenta que es “por ciento”, de 10E-61, o, si
empezamos con 100g de hamburguesa, o un bistec vasco de a kilo,
qué más da! Siempre vamos a estar muy por debajo de 10E-54.
Difícilmente se puede discutir sobre si una porción 10E-59 de
una hamburguesa es, o no es, carne de vacuno…

La notación posicional tiene ese prodigio: el comportamiento
exponencial, para lo grande y para lo pequeño. Nuestra intuición
humana (al menos la occidental) no digiere muy bien, así, sin
entrenamiento, los comportamientos no lineales. Aquí iba a ponerme
yo a explicar eso más despacito, y es donde pretendía usar base 2,
pero, si has llegado hasta aquí, ya tienes mérito más que suficiente
por hoy, y dejaré esa explicación para otro dia.