Rectificación
April 26, 2007
Hace tiempo que declaro abierta y paladinamente que la ópera no me gusta. Si me fijo en lo que hacen, me sobra lo que cantan. Si me fijo en lo que cantan, me sobra todo lo demás, especialmente esas poses artificiosas e inexpresivas o, peor aún, cuando menean las manos como si la expresión corporal fuera eso. Me gusta el teatro de verdad, y la ópera NO es teatro cantado porque los que cantan rara vez actúan. Y, con honrosas excepciones (a título de ejemplo, Fischer-Dieskau), me resultan desagradables, por inhumanas, las voces impostadas que eran imprescindibles para dar volumen y lanzar voz hasta hace unas décadas, pero en este momento son, para mí, con diferencia, mucho más artificiosas que un micrófono.
Me ví unas cuantas; diría que empecé por Tosca (no lo garantizo), una versión pasable de La Flauta Mágica, y diversas otras… y un buen dia decidí que no me gustaba. Me hice una lista, que ahora tampoco podré reconstruir: una lista de oportunidades adicionales, eventos a los que asistiría de darse la opción, obras que por algún motivo esperaba distintas y con opción a gustarme: Salomé, de R Strauss; Wozzeck, de A Berg; Porgy and Bess, de Gershwin; más adelante añadí a la lista Einstein on the Beach, de Glass. Y, con el paso de los años, hubo las opciones, aproveché las oportunidades, ví todas las de la lista, me gustaron poco o nada (Salomé al menos tuvo el mérito de la brevedad), y concluí que no me gustaba la ópera.
Igual he cambiado yo, igual a lo que llaman ópera en según qué pagos difícilmente merece el nombre, el caso es que hoy he de rectificar. Acabo de salir (son las tantas) de la representación de Satyagraha, de Philip Glass (ésta, ver también ésto o ésto) y me ha gustado muchíiiisimo. Una puesta en escena alucinante, con una escenografía de las que ya no se te olvidan, un fascinante desprecio por el hilo narrativo (que maldita la falta que hace), y un cuidadoso reparto de papeles: los que cantan, cantan, y los que actúan, actúan. Ya no puedo decir que no me gusta la ópera.
Pero creo que sí seguiré diciendo que “Rara vez me gusta la ópera.”